Las importaciones como elemento vital del comercio exterior

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Este artículo exclusivo del Licenciado Osvaldo Avalos, da cuenta del rol vital que cumplen las importaciones en el comercio exterior y en el funcionamiento de un país.


Las importaciones son la génesis del comercio internacional. No podemos desconocer esta premisa, que desde tiempos remotos ha sido y es el motor del intercambio comercial entre las naciones. No hay aquí ningún tipo discusión, y para poner un ejemplo actual y claro: las vacunas para el COVID-19 son importadas.

En la teoría, las exportaciones son la consecuencia inmediata posterior de las importaciones y como resultado del valor de intercambio que las partes determinan. Es decir que las exportaciones son el medio de pago de las importaciones.
Las importaciones nos permiten acceder a bienes y servicios que necesitamos, que de otra manera sería imposible obtener, y por supuesto que tienen muchos beneficios para la sociedad en su conjunto. En un país como el nuestro, permiten que muchas industrias puedan acceder a insumos para fabricar sus productos que en algunos casos luego pueden exportar, como por ejemplo la Industria Automotriz. También, permiten incorporar nuevas tecnologías que mejoran la calidad de vida de los habitantes, entre muchos otros efectos positivos.

Por ello los organismos multilaterales de comercio promueven la agilización de los trámites para el ingreso de mercadería. Pero, lo cierto es que desde el acuerdo de Bali hasta ahora, con pandemia de por medio, se ha hecho muy poco por llevar adelante las medidas tendientes a facilitar y simplificar las burocracias relacionadas con el comercio internacional para liberalizar el intercambio, principalmente de bienes. No sólo eso, sino que los pocos avances obtenidos no lograron consolidarse, y en muchos casos se replegaron las medidas que agilizaban el ingreso de bienes, volviendo a los países más restrictivos.

También, en algunos pocos países persisten prácticas denominadas industrialización por sustitución de importaciones cuya premisa desarrollista ha fracasado ampliamente porque uno de los pilares que la sostiene es justamente un alto contenido de importaciones.

Claramente aquellos países que restringen sus importaciones son menos desarrollados, si estos países además son exportadores de materias primas encuentran muchas dificultades para colocar sus ofertas exportables y no consiguen las inversiones necesarias que permitan agregar valor e industrializar sus producciones.

Por ello, los países que intervienen o administran su comercio exterior deben establecer mecanismos transparentes y equitativos que eviten los efectos nocivos de las prohibiciones o limitaciones a sus importaciones. Para encontrar ejemplos de estos efectos negativos no necesitamos más que revisar nuestra historia reciente y hallaremos aumentos generalizados de precios por la escasez de productos importados, monopolios, el contrabando, los mercados negros, evasión, la corrupción y prebendas, pérdida de competitividad, demandas y conflictos ante organismos multilaterales, deterioro de infraestructuras productivas, malos servicios y productos, en definitiva todo atenta al bienestar general, en provecho de unos pocos.

Podemos decir a la inversa que aquellos países que promueven el flujo de importaciones, ejercen mejores controles sobre los productos que ingresan, recaudan más impuestos, sus precios son más estables, son más competitivos, logran industrializar y agregar valor a sus materias primas y brindan un mayor bienestar a sus habitantes.

Ahora bien, si las importaciones son tan buenas para el desarrollo de los países ¿por qué los organismos multilaterales, comenzando por el GATT y pasando por la OMC, tienen previsto mecanismos que limitan las importaciones y al mismo tiempo promueven la liberación del comercio? Esto parecería una contradicción en sí mismo pero se explica fácilmente por el desarrollo relativo de las naciones y por el contexto en el cual se discutieron estos acuerdos (algunos hace más de 70 años). Lo que queda claro es que el mundo ha cambiado de una forma dramática en los últimos 7 años. Así como nadie esperaba una pandemia, tampoco se esperaban los conflictos comerciales que atravesaron y atraviesan las principales potencias. Claramente esas directrices que pretenden estandarizar y brindar un marco regulatorio, equitativo y transparente al comercio entre las naciones, han quedado obsoletas para estos tiempos.

SIMI (Sistema Informático de Monitoreo de Importaciones)

Actualmente la tecnología ha permitido grandes avances en materia de seguridad y control, para la prevención, persecución y detección de actividades ilícitas que acechan al comercio internacional, lo cual permite suponer que en breve, gracias a la aplicación del Blockchain, tendremos procesos sumamente ágiles y anticipados para el ingreso de mercadería, minimizando los tiempos de permanencia en puertos, depósitos fiscales, etc. y por ende los altísimos costos que hoy afronta la actividad, van a disminuir.

En nuestro país las importaciones se gestionan previamente a partir de las SIMI (Sistema Informático de Monitoreo de Importaciones), que para solicitarlas es necesario que la empresa cuente con CEF (Capacidad Económica y Financiera), suficiente que le permita hacerlo y tener las cuentas con AFIP al día. Además, las SIMIs, conviven con las LA (Licencias Automáticas) y LNA (Licencia No Automáticas), ambas previstas dentro de los acuerdos multilaterales. Estas LNA requieren para su autorización de la presentación de anexos o declaraciones juradas, donde se detallan las características propias de la mercadería, además se requiere de la presentación de las proyecciones de importaciones que es una planilla Excel que incluye requerimientos relativos a los antecedentes de importaciones, exportaciones, producción, ventas locales, empleo e inversiones, las necesidades de importaciones para el año en curso y los dos próximos años siguientes.

Por otra parte, ante las demoras en las aprobaciones de licencias no automáticas, muchos importadores recurren a la justicia para poder concretar sus operaciones de comercio exterior, lo cual genera mayores costos a los productos que luego se trasladan a los precios.

Puerto de Buenos Aires

Adicionalmente, la mayoría de las importaciones, en particular de nuestras PYMES, se pagan por anticipado, por lo que posteriormente a la aprobación de las SIMI, LA y/o LNA, los importadores recurren a sus Bancos para solicitar la venta de los dólares dentro del MULC (Mercado Único Libre de Cambio), para pagar a sus proveedores. Para ello deberá observar el cumplimiento de las normativas vigentes del BCRA.

Tampoco debemos olvidar que, según la mercadería de que se trate, los importadores deben procurar cumplir con los requerimientos propios de cada producto en materia de seguridad de los mismos.

Sin ánimo de simplificar las cosas, pero para ser breve, suponiendo que todo lo anterior se ha cumplimentado correctamente, los importadores, una vez que la mercadería arriba a nuestro país, deben proceder con la nacionalización o importación en sí, pagando todos los gravámenes de importaciones (cuyo análisis requeriría otro artículo y de especialistas en la materia), y los altos costos de las terminales portuarias y depósitos fiscales (en su mayoría de pago anticipado al retiro), para someterse finalmente a la fiscalización de la Aduana.

Debemos entender toda esta burocracia, anteriormente descrita, como parte de una política comercial tendiente a favorecer y fortalecer la industria nacional y para promover nuestras exportaciones, sin embargo produce justamente el efecto contrario.

Por ello, cuanto más ágil gestión brindemos a nuestras importaciones, vamos a estar contribuyendo para mejorar la productividad industrial, los ingresos públicos, la rentabilidad de las empresas, el acceso a bienes con precios estables para los consumidores, prevenir actos de corrupción, etcétera.
En fin, nuestra competitividad y economía nacional se van a ver fortalecidas.

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