Conflicto diplomático por asimetrías que no se quiso resolver
«Yo no quiero destruir ninguna flota», bramó Omar Suárez, a minutos de abordar un avión con rumbo a Shanghai, China, en su flamante rol de director de Maruba, para visitar el astillero que entregaría 10 barcos para la naviera argentina.
«Estoy siendo solidario con los trabajadores paraguayos, a los que no se les respetan las condiciones mínimas y decentes de trabajo. ¡Basta de esclavización en la hidrovía!», agregó.
Así respondió a las denuncias del virtual bloqueo económico que sufre Paraguay tras la negativa de remolque a las embarcaciones de ese país que transborden cargas de exportación (soja, carne) o importación (combustible) en puertos argentinos, según denunció el presidente del Centro de Armadores Fluviales y Marítimos del Paraguay (Cafym), Guillermo Ehreke.
Suárez apoya «solidariamente» la creación del Somupa, el gremio homólogo de Paraguay al SOMU que dirige. El diario ABC, de Paraguay, denunció que Suárez está detrás del Somupa «presidido, curiosamente, por un argentino de nombre Daniel Omar Alegre». Ehreke, en diálogo con La Nacion, dijo: «Las medidas de fuerza empezaron antes de que el gremio tuviera personería jurídica. Hay 44 gremios de embarcados en Paraguay».
Ehreke niega que el embarcado paraguayo gane poco, dato confirmado por armadores argentinos que tienen remolcadores y barcazas inscriptas en el registro paraguayo. «El capitán paraguayo gana mucho más que el argentino», señaló un empresario.
Entonces, el embarcado paraguayo no enfrenta las mismas cargas fiscales y previsionales que el argentino, y la bandera paraguaya (dueña del 80% de las embarcaciones que navegan la hidrovía, frente al 5% que ondea el pabellón argentino) tiene innumerables beneficios respecto de la nacional. Esta situación fue ampliamente condenada por sindicatos, armadores argentinos y la propia industria naval.
Suárez optó por tomar cartas en el asunto, y se ampara en los principios de la ITF, federación internacional de los trabajadores del transporte.
La Argentina está ante un nuevo conflicto diplomático por asimetrías cuya solución está a su alcance, pero que todavía no se decidió a resolver.
