Los desafíos de ser una ciudad global
Una ciudad global es aquella que se encuentra dotada de ventajas relevantes y competitivas que le permiten convertirse en eje para un sistema económico globalizado o mundial.
Por ejemplo, Nueva York, Londres, París y Tokio encabezaron el ranking de ciudades globales en la edición de 2021 del Global Cities Index y otro dato importante que también arrojó este listado es que entre las primeras diez hay cuatro asiáticas más: Pekín, Hong Kong, Shanghái y Singapur
La teoría dice que se denomina ciudad global a ciudades forjadas por el efecto doble de una urbanización en constante crecimiento, y las presiones propias del proceso económico y social de la globalización. Las ciudades globales son generalmente centros de importancia y renombre internacional, las cuales ocupan una extensa plataforma urbana (y por lo tanto con una enorme población) y juegan un rol activo en el flujo económico, social y tecnológico en su región, o incluso en el planeta.
Este tipo de ciudades son equivalentes contemporáneos a las metrópolis-Estado de la antigüedad y, a su vez muchas de ellas poseen autonomía política y administrativa, o incluso una Constitución propia que establece sus leyes. Se trata, en fin, de ciudades relevantes para el ordenamiento mundial. El origen de este concepto se le debe a la socióloga Saskia Sassen en su libro La ciudad global (1991). En él se refiere a Londres, Tokio, París y Nueva York, en contraposición con el término “megaciudades”.
En cuanto a los principales retos que enfrentan las ciudades globales, se habla que deben tener una reconciliación entre las presiones locales y las globales, ya que en ellas se contraponen el mundo cosmopolita, veloz y deslocalizado de las telecomunicaciones y las finanzas mundiales, con el ámbito más doméstico, tradicional y autóctono de lo local.
Es aquí cuando la globalización produce un efecto doble en las comunidades expuestas a él. Ya que por un lado impulsa un cosmopolitismo capitalista basado en el consumo y los modelos de negocio multilaterales. Pero también, motiva un regreso a los valores del nacionalismo, el etnicismo, la xenofobia y el fascismo.
Por otra parte, tras los ataques en Asia, África, Europa y Estados Unidos desatan paranoia ante la posible omnipresencia de terroristas y esto las coloca en el ojo del huracán, bajo constante amenaza internacional y, por ende, bajo constante vigilancia y supervisión.
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