El Puerto de Valencia acoge una jornada sobre la seguridad marítima portuaria

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Los prácticos son generadores de seguridad marítima portuaria, y por ello son un servicio esencial en los puertos. Bajo esta premisa compartida por todos los presentes se abrió ayer, en el Salón de Actos de la Autoridad Portuaria de Valencia (APV) la jornada técnica La seguridad marítima portuaria, organizada por el Colegio Oficial Nacional de Prácticos de Puerto; la Federación de Prácticos de puerto de España; los Prácticos de Valencia; la APV y la Fundación Valenciaport.

A la Jornada, de un marcado carácter internacional, además de los españoles han asistido prácticos de puertos de Colombia, Argentina y Guatemala, así como el vicepresidente de la Asociación Europea de Prácticos (EMPA), Miguel Castro, práctico también del Puerto de Sines en Portugal.

El evento se centró en temas clave de seguridad marítima portuaria con exposiciones de expertos en diversas áreas, comenzando con la delimitación de responsabilidad capitán/práctico en las aguas portuarias, tema expuesto por la Capitán Marítimo de Valencia, Elena Delgado Gutiérrez.

Los prácticos de puerto tienen obligaciones de servicio público de estar en todo momento a disposición el Capitán Marítimo y de la Autoridad Portuaria para intervenir y cooperar en la prevención de accidentes, en rescates, salvamento y en la lucha contra la contaminación, para solventar la situación de emergencia junto con los servicios portuarios de remolque y amarre.

Durante la jornada se abordaron casos de emergencias marítimo portuarias en las que la labor de los servicios técnico-náuticos de prácticos, remolque y amarre evitaron lo que podía haber sido una catástrofe, como por ejemplo el caso del buque de pasaje Britannia, presentado por José Antonio Pérez, Práctico del Puerto de Palma de Mallorca y Eva González, jefe del Departamento de Operaciones Portuarias de la Autoridad Portuaria de Baleares. Este buque, amarrado a puerto con unos 4.000 pasajeros, sufrió las consecuencias de un tornado que, en cuestión de treinta segundos, hizo que faltasen (rompieran) todas las amarras y navegase unos cuatrocientos metros hasta colisionar con el buque tanque “Castillo de Arteaga” que estaba realizando operaciones de descarga de hidrocarburos. La pronta intervención de prácticos y remolcadores solucionaron una situación que podía haber finalizado en una tragedia con la explosión del petrolero y un buque de crucero encima de dicho buque tanque.

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