BID y Japón refuerzan su apuesta por América Latina
América Latina y el Caribe están ganando importancia dentro de las cadenas internacionales de abastecimiento de alimentos y minerales considerados estratégicos para la transición energética.
En ese contexto, el Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) ampliaron su esquema de cooperación financiera; y mantendrán hasta 2031 una agenda que incorpora ambos sectores como áreas prioritarias.
El nuevo marco eleva hasta US$6.500 millones el financiamiento comprometido entre las dos instituciones. A partir del nivel de recursos movilizados en los últimos años, el programa podría generar otros US$7.500 millones, llevando el potencial conjunto a unos US$14.000 millones para proyectos en América Latina y el Caribe. Los fondos abarcarán distintas áreas de desarrollo y no estarán destinados exclusivamente a alimentos y minerales.
Uno de los cambios más relevantes se encuentra en el programa de Cooperación para la Recuperación Económica y la Inclusión Social (CORE); cuyo objetivo de financiamiento aumentará de US$4.000 millones a US$5.000 millones hasta 2031. A las áreas que ya formaban parte de la iniciativa se sumarán ahora la agricultura y los minerales críticos.
La decisión responde al peso creciente de la región como proveedor internacional de alimentos y materias primas necesarias para industrias como la fabricación de baterías y vehículos eléctricos. Para Japón, contar con fuentes diversificadas de abastecimiento adquiere especial importancia en un escenario marcado por interrupciones logísticas y una mayor competencia por recursos estratégicos.
Recursos para infraestrcutura
El acuerdo también contempla recursos para infraestructura y participación privada. El límite del fondo TADAC, administrado mediante BID Invest, aumentará de US$1.000 millones a US$1.500 millones. Desde su creación en 2025, este mecanismo ha financiado 12 proyectos en nueve países por US$401 millones.
Además, Japón aportará US$30 millones a una iniciativa de resiliencia que incluye entre sus objetivos el desarrollo relacionado con minerales críticos.
La cooperación contempla también infraestructura resiliente y de calidad, un componente clave para conectar zonas productivas con mercados internacionales. Para América Latina, el desafío será convertir este mayor interés financiero en nuevas capacidades productivas, infraestructura y cadenas logísticas más resistentes; capaces de aprovechar la creciente demanda mundial de alimentos y recursos estratégicos.
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