La carga refrigerada enfrenta nuevas presiones por la geopolítica

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El transporte marítimo de carga refrigerada (reefer) atraviesa una transformación marcada por el crecimiento de los contenedores refrigerados y por un escenario internacional en el que los conflictos, los cambios comerciales y los fenómenos climáticos aumentan el riesgo de interrupciones en las cadenas de suministro.

El tema fue analizado durante el webcast de S&P Global “Comercio global, geopolítica y su impacto en el transporte marítimo refrigerado”, que reunió a Mark Szakonyi, de Journal of Commerce; Philip Gray, senior associate de Reefer Shipping de Drewry; y Grant Daly, vicepresidente de Cold Chain y Refrigerated Sales North America de Maersk.

Los contenedores reefer ganan protagonismo

Durante los últimos 25 años, el transporte marítimo refrigerado registró un cambio importante en su estructura. Mientras la flota de buques frigoríficos especializados envejeció y perdió participación, los contenedores reefer absorbieron prácticamente todo el crecimiento del segmento.

Gray explicó que esta evolución también está relacionada con los nuevos patrones del comercio internacional. Las exportaciones desde la Costa Este de Sudamérica hacia Asia crecieron cerca de 900% en 25 años, mientras que los embarques desde la Costa Oeste de Sudamérica hacia Norteamérica aumentaron 34% en apenas cinco años.

El crecimiento de estos flujos también genera nuevas necesidades de infraestructura, entre ellas conexiones eléctricas, chasis, equipamiento portuario y espacios destinados a inspección y manejo de mercancías refrigeradas.

Una carga especialmente sensible a las interrupciones

La logística reefer enfrenta una dificultad adicional: los productos transportados tienen una capacidad limitada para absorber demoras.

Bananos, frutas y otros alimentos frescos dependen de ventanas de entrega, condiciones climáticas, estacionalidad y vida útil. Por ello, una alteración en la ruta puede generar consecuencias que van más allá del retraso de un contenedor.

Daly señaló que la cadena de suministro resulta determinante para mantener la calidad del servicio. Un desvío marítimo puede implicar mayores tiempos de tránsito y, al mismo tiempo, exigir disponibilidad de conexiones eléctricas, generadores, almacenamiento y transporte terrestre.

La geopolítica cambia las rutas

Los especialistas identificaron tres fuentes principales de disrupción: cambios políticos y arancelarios, conflictos geopolíticos y fenómenos climáticos.

En este contexto, el transporte refrigerado debe adaptarse a modificaciones de rutas que originalmente fueron diseñadas para grandes volúmenes de carga seca. Gray recordó que la carga reefer representa menos del 5% del volumen movilizado, por lo que el comportamiento de la carga seca continúa determinando buena parte del despliegue de los portacontenedores.

Esto significa que los operadores reefer deben adaptarse a decisiones tomadas para el conjunto del mercado marítimo.

La resiliencia gana espacio

Ante un entorno más expuesto a interrupciones, la estrategia logística comienza a incorporar con mayor fuerza la resiliencia. Entre las alternativas planteadas aparecen la diversificación de proveedores, orígenes y rutas, además del uso de puertos secundarios.

Estas opciones pueden representar costos adicionales, pero también reducir la dependencia de determinados nodos logísticos y ofrecer mayor capacidad de respuesta cuando una ruta principal deja de estar disponible.

El desafío para la carga reefer consiste, por tanto, en mantener la integridad del producto incluso cuando cambian las condiciones del comercio internacional. La prioridad ya no pasa únicamente por encontrar la ruta más rápida, sino por construir cadenas capaces de seguir funcionando cuando los planes originales se modifican.


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