Uruguay advierte al FMI por precio bajo del dólar en la región

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En la reunión Comité Monetario y Financiero Internacional del Fondo Monetario Internacional (FMI) que se celebró ayer en Washington, Uruguay señaló que «los países desarrollados deben ser conscientes del enorme costo en términos de déficit cuasi fiscal que sus políticas han estado instigando en muchos países en desarrollo».


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La declaración estuvo contenida en el discurso presentado por el ministro de Economía de Argentina, Hernán Lorenzino, ya que ese país tiene la titularidad de la «silla» en el Comité (compartida con Chile, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay). El discurso contiene un apartado sobre cada país preparado por la delegación correspondiente.

Por ese intermediario, el gobierno uruguayo expresó que las políticas monetarias «excesivamente laxas» que utilizan los países desarrollados para hacer frente a sus retos fueron seguidas de «fuertes presiones de apreciación en muchos países en desarrollo, entre ellos Uruguay».

El gobierno señaló que esto, junto a un mayor atractivo de Uruguay para los capitales extranjeros (por la obtención del grado inversor, por ejemplo), «ha obligado al Banco Central a intervenir en el mercado cambiario con el fin de reaccionar contra un probable shock transitorio» y de esa forma «evitar un desalineamiento del tipo de cambio de sus fundamentos».

De hecho, se señala que esta intervención para evitar una baja excesiva del dólar dio lugar a una acumulación de reservas (con emisión de deuda del BCU a corto plazo como contrapartida), «que ha implicado un costo considerable para el país». En lo que va del año, el Central ya realizó compras de dólares por US$ 675,3 millones, más que todo lo que adquirió en 2012.

Allí se afirmó que «a diferencia de algunos otros países», ese costo se incluye en las cifras fiscales del país y se admite que el déficit en 2012 presentó «un aumento considerable» respecto a años anteriores (fue de 2,8% del Producto Interno Bruto), lo que se atribuye «en gran medida» a factores temporales (como el costo por la sequía de más de un punto porcentual del PIB) «y la intervención antes mencionada en el mercado cambiario».

En el discurso, también se mencionó la respuesta del BCU ante las presiones inflacionarias, que implicó un incremento acumulado de tres puntos porcentuales en la tasa de interés de referencia en los últimos dos años -hoy está en 9,25%-, junto con un aumento en los encajes bancarios (reservas inmovilizadas que los bancos nacionales deben mantener al captar depósitos) y la introducción de encajes marginales.

En la misma alocución, Uruguay planteó que la incertidumbre sobre el futuro de las tasas de interés bajas en el mundo desarrollado y las principales monedas del mundo llevó al gobierno a construir «amortiguadores importantes» que «conllevan costos».

Entre esos amortiguadores, se destacó que las reservas internacionales alcanzaron a un 27% del PIB, que la deuda pública en moneda nacional aumentó al 55% y su plazo de vencimiento promedio se llevó a 11 años. «Está claro que el déficit fiscal de Uruguay podría haber sido menor en caso de que este proceso de reducción de riesgos no se hubiera materializado. Sin embargo, la situación económica y social del Uruguay y sus perspectivas parecen haber sido recompensada con este enfoque», sostuvo el país ante el FMI.

El gobierno también aprovechó para resaltar que el crecimiento del PIB durante la última década fue «sistemáticamente superior» al de la región y la reducción de vulnerabilidades en el sector financiero. A diferencia de sus dos últimos discursos ante el Comité, esta vez no advirtió sobre los daños que ocasionan las medidas proteccionistas.

Lagarde estará atenta a «efectos indeseables»

El FMI deberá «vigilar» los efectos indeseados de los planes anticrisis de los bancos centrales y asegurarse que estas disposiciones no creen un «shock» en los países emergentes, estimó ayer la directora general del organismo, Christine Lagarde.

«Hay preocupaciones crecientes sobre las consecuencias de las políticas monetarias no convencionales» que mezclan compra de activos y tasas de interés cercanas a cero, constató Lagarde en un texto que explica la agenda de la institución.

Lagarde, que el martes tildó a los banqueros centrales de «héroes» de la crisis, consideró que estas políticas pueden sin embargo provocar «efectos indeseables» al alimentar flujos de capitales hacia países emergentes, con el riesgo de perturbar el mercado de cambios e inflar el precio de algunos activos.

Estos efectos «deben ser vigilados», consideró la titular del FMI, que este sábado concluye su asamblea de primavera (boreal) en Washington.

También reiteró las «preocupaciones crecientes» vinculadas al final de estas disposiciones que se tradujeron en la inyección de miles de millones de dólares en el circuito financiero.

«Muchos países emergentes están preocupados por el posible shock que podría afectar su actividad y su sistema financiero si importantes flujos de capitales se retiraran rápidamente» de sus economías, añadió. En un informe publicado la semana pasada, el FMI había advertido sobre los problemas que acarrearía un final «desordenado» de los planes de los grandes bancos centrales para estimular la economía, en particular de la Fed en Estados Unidos y el Banco Central Europeo.

Fuente: agencia AFP

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