Puerto Franco pequeños echos que tornan improbables grandes denuncias
Por estos días, las licencias previas no automáticas de importación -nuevas, viejas, de las otras- se instalaron en los titulares de secciones no necesariamente específicas ni propias de la actividad, sino en aquellas donde la reverberación puede ser mayor.
Pocas veces la importación fue bien vista. En esta época, además, quedó explícita la enemistad manifiesta contra los productos terminados afuera por ser destructores (no promotores de la competencia que beneficia en última instancia al usuario/consumidor final) de la industria nacional.
La avalancha de importaciones que, según trascendió, estaría burlando las barreras de protección erigidas por las flamantes nuevas licencias cuenta en la práctica con varios hechos que demuestran que es cuanto menos poco probable que dicho alud esté sucediendo.
La norma en cuestión (la resolución 45) tiene poco más de 15 días. Sólo los tiempos de navegación desde Asia superan tranquilamente los 20 días. Si además se cuentan las demoras en las recaladas en puertos congestionados como los de Brasil (donde casi obligadamente paran los barcos con importaciones para la Argentina) el plazo puede extenderse bastante más. Y eso sin considerar que ahora los barcos instrumentaron la navegación lenta para consumir menos del caro combustible fósil y contribuir, de paso, a las caricias al poluto medio ambiente.
Los depósitos fiscales, acusados de desbordar de mercadería y encarecer sus tarifas, están abarrotados, sí, pero no por maniobras especulativas, sino por: 1) la crisis que redujo la oferta de depósitos, y 2) el sueño de mercadería de importación que espera la entrega (relajada y sin apuro) de antiguas licencias.
Fuente:
La Nacion
