Y es que según lo indican organismos internacionales, aunque los vertidos de petróleo son extremadamente graves, los «vertidos biológicos» suponen una amenaza aún mayor.
Se trata de hongos exóticos como el microorganismo eucariota, el cual viajó desde América a Bélgica desatando una plaga enorme que afectó a la población pues las hortalizas se infectaron con ese microorganismo.
También se han dado caso de transporte de fauna exótica, como los sapos gigantes que llegaron desde Australia a Madagascar afectando el medio ambiente, y la llegada del mosquito tigre desde África a Italia.
Por este tipo de inconvenientes, ahora más que nunca es conveniente la tarea de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF) con el objetivo de ayudar a detener la propagación de plagas y enfermedades de las plantas a través del comercio internacional trasfronterizo.
Eckehard Brockerhoff, científico del Instituto de Investigación Forestal de Nueva Zelanda calcula que miles de organismos de una amplia variedad de taxones están siendo transportados involuntariamente en los contenedores marítimos, por lo que hay que intensificar los controles y estar atentos a cualquier alteración que se produzca por especies no autóctonas.
