Y por ahora esta solución no sólo es aconsejable, sino que también es posible de alcanzar, porque no están destruidos todos los canales de comunicación entre los gobiernos de la Argentina y de los Estados Unidos.
Hay algunas pistas, dentro y fuera del expediente, que merecen especial atención.
El juez Aguinsky mencionó expresamente dos. Por un lado, transcribe una nota que, a fines de 2010, envió la embajadora norteamericana, Vilma Socorro Martínez, a la ministra de Defensa, Nilda Garré, para comunicarle el interés de realizar la segunda fase de un entrenamiento que Estados Unidos venía prestando a la Policía Federal, algo que el gobierno argentino aceptó. La embajadora, como exitosa abogada que fue en su país, siempre puso puntilloso celo en las formalidades.
El magistrado también resalta que los militares norteamericanos nunca intentaron ocultar las armas a los agentes aduaneros argentinos ni engañarlos. Por eso, concluyó que «no existió delito de contrabando».
Ambos datos pintan el contexto imprescindible para entender la desproporción de la acción de la Aduana y de la Cancillería.
El Departamento de Estado, en reiteradas ocasiones, dio a conocer su «estupor» o «incomprensión» por la reacción argentina. A su entender, el conflicto nunca debió haberse trasladado del ámbito aduanero al judicial, donde se perdieron cuarenta valiosos días para regresar, recién ahora, al punto de inicio.
Muchos interpretan que el juez Aguinsky hizo lo único que podía y debía hacer: se corrió del centro de la escena, porque no es la Justicia, sino la diplomacia bilateral, el escenario donde se resolverá este asunto.
Existe un sumario administrativo aduanero, que todavía está abierto y podría permitir a la Aduana demorar hasta cinco años la devolución de las armas. Sin embargo, a partir de ahora, es la presidenta Cristina Kirchner, jefa de toda la administración pública del país y, por ende, de la Aduana, la que tiene la autoridad legal suficiente para destrabar rápidamente este asunto.
¿Es posible una solución diplomática, no ya en términos de días pero, sí al menos en el mediano plazo? Sí, lo es, confían quienes siguen de cerca el caso.
Alguien evaluó como posible una colaboración de militares norteamericanos, bajo el manto de un peritaje, para explicar al gobierno argentino que ese armamento jamás representó peligro alguno para nuestro país.
Pero más importante aún es que, en forma correlativa a la prudencia con la que el Departamento de Estado manejó el caso -se preocupó por no deteriorar la relación-, los funcionarios argentinos, que inicialmente hicieron declaraciones que parecían orientadas a sacar rédito político del asunto, se llamaron a silencio y la propia Presidenta tampoco se refirió a éste. Todavía está tendido un hilo de diálogo.
Fuente:
La Nacion
