La mirada de un economista muy especial

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Días atrás, uno de los asesores económicos de Benedicto XVI , Stefano Zamagni, visitó la Argentina para hablar sobre las responsabilidades de las empresas en la actualidad. Todavía no teníamos un papa argentino.


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También consejero de Juan Pablo II , consultor pontificio del Consejo Justicia y Paz del Vaticano , catedrático de la Universidad de Bolonia y ex asesor del ex primer ministro Romano Prodi, Zamagni asistió a un encuentro organizado por el Foro Ecuménico Social y auspiciado por el BBVA Francés.

Para el economista italiano, el problema que deben ayudar a combatir las empresas es la incertidumbre radical que viven las sociedades y que es consecuencia de la crisis económica que afecta a vastas regiones del mundo. Tras aclarar que la actual turbulencia no debe confundirse con un malestar temporario, sino que es una crisis estructural, habló de «la tercera revolución industrial, que ha dicho fin a la idea de que la estructura de decisión debe ser vertical. Esta revolución se basa en el conocimiento, que es un bien común», dijo Zamagni y pronosticó que muchos empresarios seguirán aplicando métodos verticalistas y sólo conseguirán resultados negativos. «En los últimos años, la idea de que cada uno es administrador de sus recursos personales ha decretado el fin del principio de solidaridad. La única forma de vínculo es el contrato, no la relación interpersonal. Y ello creó la paradoja de la felicidad (postulado del economista Richard Easterlin), que señala que la relación entre el aumento del producto per cápita y la felicidad pública dibuja una parábola para abajo. Es un hecho estadísticamente probado en todos los países del mundo.»

Debido a la conjunción de esos factores, el futuro se percibe como una amenaza, lo que da pie a la incertidumbre radical. «Cuando yo era joven no podía saber qué pasaría en el futuro, pero sabía que sería mejor que el presente -expresó-. Hoy los jóvenes tienen miedo. Esto también se produce a nivel de las empresas. Por ello, políticos, empresarios y otras organizaciones actúan bajo el fenómeno del cortoplacismo, ya que si el futuro es una amenaza hay que maximizar el bien presente. Mientras que antes la idea era que las empresas durasen en el tiempo, hoy hay que maximizar la ganancia en el corto plazo, aunque de esa manera se termine destruyendo la empresa.»

En muy buen castellano aprendido en la práctica, Zamagni explicó que en el pasado, la modificación de las reglas del juego recaía exclusivamente en la política. Hoy ésta debe abrir mesas de diálogo con múltiples actores. Así, si se pretende dar un nuevo carácter a las instituciones económicas los empresarios deberían ser parte del debate. «La modificación de las instituciones económicas debe ir en el sentido de hacerlas inclusivas en lugar de extractivas», dijo el economista italiano citando a los académicos Daron Acemoglu (MIT) y James Robinson (Universidad de Harvard), autores del libro

«El trabajo permite a la persona descubrir su personalidad. Las empresas deben producir civilización. ¿Cómo se aplican los derechos humanos fundamentales si las empresas no tienen esa responsabilidad?», se preguntó

Para los autores estadounidenses, las instituciones económicas inclusivas dan oportunidades para todos. Dejan que la mayoría de las personas puedan usar de la mejor forma su talento para crecer y, así, favorecen la productividad. En las instituciones extractivas se beneficia una minoría, la que detenta el poder. «En éstas, el superávit producido se usa para fines no productivos. Producen burocracia. Con gradualidad, sin revoluciones, hay que ir hacia instituciones inclusivas», dijo Zamagni. Y agregó que la falta de empleo entre los jóvenes no se debe a la falta de trabajo, sino que las instituciones del mercado laboral son del tipo extractivo.

«El trabajo permite a la persona descubrir su personalidad. Las empresas deben producir civilización. ¿Cómo se aplican los derechos humanos fundamentales si las empresas no tienen esa responsabilidad?», preguntó.

El economista destacó que en la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI (que el papa emérito redactó mientras Zamagni fue su asesor) se menciona la palabra empresa 54 veces, una diferencia sustancial respecto de circulares anteriores. «Benedicto había comprendido las novedades del tiempo presente y que el éxito de una sociedad está ligado a la empresa como institución».

Es que la empresa, según Zamagni, no debe ser entendida sólo como un commodity, lo que llevaría, por ejemplo, a que un empresario pueda desprenderse de ella sin preocuparse por el futuro de sus trabajadores. En cambio, «es una entidad destinada a perdurar en el tiempo y a participar en la construcción del edificio de la sociedad».

Zamagni aceptó que no es fácil practicar la responsabilidad civil empresaria. «Paso a paso las empresas deben mostrar que con este cambio todo el mundo incrementa su bienestar.»

Fuente: La Nación de Argentina

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