Desequilibrios sectoriales en Brasil
La evaluación del Comité de Política Monetaria del Banco Central de Brasil contenida en el acta divulgada después de su primera reunión de 2013, expuso claramente los dilemas a los que se enfrenta la política económica brasileña. Por un lado, el análisis apunta a una inflación que permanece en un umbral elevado y cuya convergencia hacia la meta de 4,5% parece cada vez más difícil. Por otro, indica que la recuperación de la actividad económica se ha dado en forma más lenta de lo esperado. No obstante, la novedad es el reconocimiento por parte de la autoridad monetaria de que el bajo crecimiento refleja restricciones de oferta, sobre las que la política monetaria ejerce poco poder. Casi de forma simultánea tuvo también lugar un cambio en la postura del Banco Central en el mercado cambiario en el sentido de aceptar, una vez más y dentro de límites, la valorización del real. Hasta ese momento, la postura declarada del gobierno consistía en estimular la desvalorización de la moneda brasileña, pero el reciente empuje de las presiones inflacionarias parece haber llevado a la autoridad monetaria a recurrir a un mayor control cambiario como instrumento auxiliar de política.
Desde 2009, la política económica brasileña se ha concentrado en medidas de estímulo a la demanda agregada. La fuerte expansión del crédito, la reducción de las tasas de interés, el aumento del gasto público, las reducciones tributarias para sectores específicos y los aumentos del salario mínimo por encima de la inflación apuntaban principalmente a estimular el consumo. Se esperaba que ante la expansión del consumo, la inversión reaccionara casi en forma automática, creándose así un círculo virtuoso de crecimiento sostenido. Esta perspectiva heterodoxa es como si los formuladores de la política económica invirtieran la ley de Say que dice que toda oferta crea su propia demanda y creyeran que toda demanda crea su oferta.
En este caso, la oferta provendría inicialmente de la ocupación de la capacidad ociosa y, después, del aumento de las inversiones asociado a la expectativa de una demanda creciente en el futuro. Esa visión presenta varios problemas.
INVERSIÓN.
El primero se relaciona con la percepción de que la inversión reacciona automáticamente ante la perspectiva de crecimiento de la demanda, ignorando que la rentabilidad también resulta afectada por el lado de los costos de producción. La fuerte reducción de los intereses en términos reales, la ampliación del crédito subsidiado y, más recientemente la desvalorización cambiaria no fueron suficientes para estimular la inversión que se debe haber reducido cerca de un punto porcentual en relación a los 19,3% del PIB registrados en 2011, umbral ya insuficiente para asegurar un crecimiento sostenido a las tasas del 4 al 4,5% anual pretendidas por el gobierno.
EFICIENCIA.
Datos relativos al mercado laboral en 2012 recientemente divulgados, revelan un nuevo récord para el desempleo medio anual -del 5,5% ante un 6% en 2011- con un aumento del 2,2% de la ocupación y del 4,1% de los ingresos medios reales del trabajo. Este desempeño favorable del mercado laboral, por cierto uno de los factores más importantes para explicar el comportamiento de las ventas al por menor que en el año hasta noviembre de 2012 crecían a tasas de entre el 8 y el 9 %, contrasta con el crecimiento inferior al 1% estimado para el PIB anual (datos que serán divulgados a principios de marzo). No obstante, la composición sectorial del crecimiento de la ocupación revela la causa aparente de esta divergencia: mientras que el crecimiento de la ocupación en comercio y servicios fue de 2,4% y de la construcción civil de 4,6%, en la industria la ocupación cayó 0,2% en 2012. O sea que los sectores que producen bienes no comercializables están presentando un desempeño positivo, mientras que la industria, incluso favorecida por políticas específicas, continúa mostrando un bajo dinamismo
DESEQUILIBRIOS.
En consecuencia, parece haber un desequilibrio importante en términos sectoriales en la economía brasileña. Mientras que los sectores en los que no incide la competencia externa tienen un desempeño positivo, aquellos en los que más influye la competencia internacional, en los que las diferenciales de productividad tienen un peso mayor, presentan un dinamismo bajo. La producción nacional cayó en 2,7% en 2012. El segmento con peor desempeño fue precisamente el de bienes de capital, con una caída del 12% aunque todas los demás sectores han presentado una reducción de la producción. La única excepción fue el sector de la construcción civil cuyo producto aumentó 1,2% en 2012, justamente el que, dentro de la industria, tiende a presentar menor grado de exposición al comercio internacional. Aunque existan desfasajes importantes entre las variaciones cambiarias y el estímulo a los sectores más directamente afectados por el comercio internacional ya sea porque son exportadores, ya sea porque compiten con productos importados en el mercado interno, parece que la depreciación cambiaria media de 16,7% en 2012 no tuvo el impacto esperado por el gobierno. Asimismo, cabe destacar el aumento del número de medidas proteccionistas referidas a las importaciones durante todo el año pasado. Es evidente que el problema parece estar en la combinación de baja productividad con presiones de costos que terminan por reducir la rentabilidad y el estímulo a la inversión en los sectores de bienes transables.
El desempeño favorable de los sectores de bienes no transables parece claramente influido por su capacidad de transferir al consumidor las presiones de costos que se vienen acumulando en función de un mercado laboral recalentado y de una infraestructura que no acompaña el crecimiento de la demanda, lo que acarrea ineficiencias a lo largo de la cadena productiva. Quizás una desvalorización cambiaria mayor pudiera promover el equilibrio entre los sectores de bienes transables y no transables, si bien eso choca contra el hecho de que la inflación se haya mantenido elevada y amenace romper el techo de 6,5% establecido por el régimen de metas inflacionarias. De ahí, el reciente cambio de postura del Banco Central eliminando la perspectiva de nuevas caídas de la tasa básica de interés y apuntando con más cautela hacia el esfuerzo por promover una desvalorización del real.
POLÍTICA FISCAL.
Por último, la política fiscal sigue siendo expansiva, ya sea por la dificultad de controlar el crecimiento del gasto público, ya sea por la justificación de que el bajo crecimiento es resultado de la insuficiencia de la demanda y que la política fiscal debe cubrir esa brecha en forma anticíclica. El resultado de 2012 mostró una caída acentuada del superávit primario del sector público consolidado (incluye el gobierno central, estados y municipios y sus empresas estatales excepto Petrobras y Eletrobras): de 3,1% del PIB en 2011 a 2,4% del PIB en 2012. A pesar de ello, incluso este último resultado encierra una serie de artificios contables que enmascaran la verdadera caída del superávit primario: tal el caso de factores no recurrentes o atípicos, principalmente del lado de los ingresos, que de ser excluidos de las cuentas públicas resultarían en una caída aún mayor: entre el 2,7% y 1,8% del PIB. Según ese mismo criterio, el superávit primario medio de 2002 a 2008 fue de 3,5% del PIB.
A corto plazo sería posible estimular la economía mediante una desvalorización más acentuada del tipo de cambio nominal pero, para eso, sería preciso un período de caída de la actividad económica para que se promoviera un cambio de precios relativos sin aceleración de la inflación que, como ya se ha visto, está en un nivel elevado. A largo plazo, el tema central continúa siendo el equilibrio entre el ahorro interno y la inversión cuya brecha determina la necesidad de ahorro externo y tipo de cambio real. Es por eso que la política fiscal es tan importante.
Fuente: diario El País de Uruguay
