Brasil autoriza canal fluvial en el río Tocantins
El Gobierno de Brasil aprobó la apertura de un canal de navegación en el río Tocantins; uno de los principales afluentes de la cuenca amazónica.
El proyecto forma parte de un plan estratégico para impulsar el transporte de granos desde el interior del país hacia los puertos del norte.
Un corredor logístico estratégico para el agro brasileño
La iniciativa contempla la voladura de 35 kilómetros de rápidos rocosos y el dragado de 177 kilómetros adicionales; con una inversión estimada en 7.300 millones de dólares.
El nuevo corredor fluvial Araguaia–Tocantins permitirá el tránsito de barcazas durante todo el año; con una capacidad de hasta 20 millones de toneladas métricas de soya y maíz anuales. Según el gobierno, esto reducirá los costos logísticos y las emisiones del transporte terrestre; consolidando a Brasil como líder mundial en exportaciones de granos.
Preocupaciones ambientales y sociales
El proyecto enfrenta resistencia de fiscales federales, comunidades ribereñas y científicos, que alertan sobre los impactos ambientales y sociales.
Habitantes de localidades como Tauiry temen desplazamientos y pérdida de sus medios de vida; especialmente la pesca artesanal y la recolección de babasú.
Investigadores del Museo Emilio Goeldi advirtieron sobre el riesgo para la biodiversidad del río; donde habitan peces en peligro de extinción, tortugas y delfines de agua dulce.
La agencia ambiental Ibama autorizó las obras con restricciones, prohibiendo explosiones durante las temporadas de reproducción y migración; y aplicando medidas de reubicación de nidos y ahuyentamiento de fauna.
Desarrollo y sostenibilidad en debate
El gobernador de Pará, Helder Barbalho, defendió la viabilidad del proyecto, afirmando que “es posible compatibilizar el desarrollo económico con la preservación ambiental”.
Sin embargo, el impacto climático del canal Tocantins será tema de análisis en la próxima Cumbre COP30, que se celebrará en noviembre en Belém.
Estudios del Climate Policy Initiative advierten que incluso los proyectos de transporte más limpios, como ferrocarriles o vías fluviales, pueden generar emisiones indirectas al incentivar la expansión agrícola. En el caso del proyecto Ferrograo, se estimó que reduciría un millón de toneladas de CO₂; pero podría generar hasta 60 millones adicionales por deforestación inducida.
El desafío del equilibrio
El corredor Araguaia–Tocantins busca fortalecer la infraestructura logística de Brasil, pero también reabre el debate sobre cómo equilibrar el crecimiento agrícola con la conservación ambiental.
En regiones como Matopiba, donde la frontera agropecuaria avanza rápidamente, las comunidades locales temen que el nuevo canal acelere la deforestación; y que también transforme de forma irreversible sus territorios tradicionales.
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